En vísperas de los actos escolares, repasamos algunos aspectos de su vida y su pensamiento.
Mientras las escuelas de todo el país se preparan para los actos por el Día de la Bandera, la figura de Manuel Belgrano vuelve a ocupar un lugar central en las aulas. Sin embargo, detrás del creador de nuestra enseña nacional existe una historia que trasciende el gesto patriótico de 1812 y conserva una profunda vigencia para la comunidad educativa.
En 1812, Belgrano se encontraba en Rosario cumpliendo una misión militar: proteger las costas del río Paraná ante posibles ataques de las fuerzas realistas. Allí advirtió que las tropas revolucionarias utilizaban distintos distintivos y colores, lo que dificultaba su identificación y no contribuía a construir una identidad común. Por esa razón decidió adoptar los colores celeste y blanco de la escarapela y crear una bandera que representara a las fuerzas patriotas.
El 27 de febrero de ese año la nueva insignia fue izada por primera vez junto a las baterías Libertad e Independencia, construidas para la defensa de la zona. Nadie podía imaginar entonces que aquella ceremonia militar realizada en una pequeña población a orillas del Paraná se convertiría en uno de los hechos más recordados de la historia argentina. Hoy, en ese mismo lugar, se levanta el Monumento Nacional a la Bandera, construido para recordar aquel acontecimiento y el nacimiento del principal símbolo patrio.
Cada 20 de junio se conmemora además el aniversario de su fallecimiento, ocurrido en 1820. Por eso, las ceremonias escolares no solo recuerdan a la bandera como símbolo patrio, sino también a la persona que la creó y a los valores que guiaron su vida.
Belgrano no era militar de carrera. Había estudiado Derecho en España y se desempeñaba como abogado, economista y funcionario público. Sus principales preocupaciones estaban vinculadas con la educación, la producción y el desarrollo del país. La Revolución de Mayo lo llevó a asumir responsabilidades militares para las que no había sido formado, convencido de que debía servir a la patria allí donde fuera necesario.
Además de conducir campañas decisivas para la independencia, fue uno de los grandes impulsores de la educación pública. Sostenía que el progreso de una sociedad dependía del acceso al conocimiento y promovió la creación de escuelas, la formación técnica y la capacitación vinculada con el trabajo y la producción.
Sus ideas también alcanzaron a las mujeres, en una época en la que la educación femenina era limitada. Belgrano defendió que recibieran instrucción y acceso a distintos saberes, una posición innovadora para comienzos del siglo XIX.
Como secretario del Consulado de Buenos Aires impulsó iniciativas destinadas al desarrollo de la agricultura, la industria y el comercio nacional. Consideraba que el país debía formar personas capacitadas, fortalecer la producción local y generar conocimiento propio. Entre otras acciones, promovió la creación de la Escuela de Náutica y de la Academia de Geometría y Dibujo, antecedentes de la educación técnica y profesional en nuestro territorio. La escuela fundada por su iniciativa en 1799 es reconocida como el origen de la actual Escuela Nacional de Náutica “Manuel Belgrano”, institución que continúa funcionando en la Ciudad de Buenos Aires y formando oficiales de la Marina Mercante argentina.
Su compromiso con la educación también quedó reflejado en una decisión que atravesó el tiempo. Luego de las victorias de Tucumán y Salta, recibió un importante premio económico otorgado por el gobierno revolucionario. En lugar de quedarse con ese dinero, pidió que fuera destinado a la construcción de escuelas.
La vida de Belgrano también deja otra enseñanza. A pesar de haber ocupado lugares de enorme responsabilidad y de haber realizado aportes fundamentales para la independencia, murió el 20 de junio de 1820 en una situación económica muy difícil. No buscó riqueza ni privilegios personales. Su trayectoria estuvo marcada por la convicción de poner sus conocimientos y su trabajo al servicio de la construcción de una patria más libre, más justa y con mayores oportunidades para su pueblo.
Quienes deseen profundizar en su historia también pueden acercarse a la película Belgrano, protagonizada por Pablo Rago y dirigida por Sebastián Pivotto. Estrenada en 2010 en el marco de las conmemoraciones del Bicentenario, la producción recorre distintos momentos de la vida del prócer, desde sus ideales políticos y educativos hasta la creación de la bandera y sus últimos años. La película propone una mirada humana sobre Belgrano, mostrando sus convicciones, sus dudas y los sacrificios personales que realizó en favor de la construcción de una patria independiente.
Cada acto escolar, cada promesa de lealtad a la bandera y cada homenaje realizado en las escuelas recuperan parte de ese legado. Recordar a Belgrano es recordar a un hombre que entendió que la independencia debía construirse con educación, conocimiento y compromiso colectivo. A más de dos siglos de aquellos acontecimientos, su vida continúa ofreciendo enseñanzas para las nuevas generaciones y para quienes todos los días sostienen la escuela pública.